Incesante curiosidad ha impedido siempre al hombre a dirigir sus inquietas miradas hacia el porvenir y a querer penetrar, ya con filosóficas reflexiones sobre el pasado, ya con la comparación de lo presente con lo que fue en otro tiempo, o con más o menos fundadas inducciones, lo que le puede o debe sobrevenir. Así es que desde la más remota antigüedad constituyó la adivinación y lo esotérico una verdadera ciencia, un arte provisto de reglas y preceptos basados sobre misteriosos cimientos.

Hizose este arte el exclusivo atributo de ciertos hombres, que por sus luces sobresalían de los demás, los que ejercieron un poderoso imperio sobre el resto de la población; y fueron llamados Agoreros, Astrólogos, Hechiceros. ¿Y quién duda que entre PERSONAS RESPETABLES, han Existidos no pocos que han tributado su creencia a los presagios, a la influencia astrológica, o a la misteriosas relaciones de ciertos individuos con un mundo superior e invisible?

Demasiado prolijo sería detenernos en seguir los pasos de la ciencia de los adivinos, de todo lo esotérico, puesto que no ha dejado de dominar por siglos enteros.

Penetremos pues, en este intrincado laberinto.